Ella es Rosmira, una de las mujeres que a sus 16 años hizo parte del proceso de colonización sobre Micoahumado en la década de los sesenta. Hoy a sus 73 años de edad, recuerda con detalle esa experiencia, que dio como resultado el nacimiento de un territorio con vida digna.

Me encuentro con ella para escucharla y conocer esa historia en la que ella tiene un lugar especial, no solo por ser la primera mujer en llegar, sino también por ser la primera en ser mamá, pues un año más tarde de estar por acá, tuvo a su primera hija “Estela”.

Cuando empezamos a hablar está un poco tensa por la presencia de la cámara, pero en cuestión de segundos la ignora, y de manera muy natural y apasionada, comienza a relatar como fue ese proceso de colonización motivada por la explotación maderera:

El dueño de la compañía maderera era Moisés Savaldana y Pedro Gómez era el encargado.  Ellos iban haciendo plazas de madera por el Golfo de Urabá y por Montería Córdoba hasta que se quedaron sin madera por allá. Ahí fue cuando vinieron pal Sur de Bolívar. Primero vino Libardo Uribe con el Mono Leyes, que ese era de Morales. Ellos vinieron a descumbrar y ver donde estaba la madera. Cuando hacen eso, ahí sí viene la compañía con todos los aserradores, entre ellos, Bernardo Mira, Daniel Cañas, Toño Pulgarín, José Bedoya, que ése es el papá de Estela. Yo había estado con ellos por allá cocinándoles y por acá vine a parar. 

Rosmira sonríe y sigue hablando.

 Nosotros llegamos a Morales, que era un caserío pequeñito, las mulas y todo eso las trajeron en Lanches desde Magangué. De ahí cruzamos el río para este lado, y empezamos la travesía. Llegamos a un punto que se llamaba la Reforma. Luego seguimos el camino, cruzando la quebrada, atravesando esas sabanas, y subiendo estas montañas. Cuando por fin llegamos, esto parecía un páramo, diario lloviznoso y un frío intenso, que uno se echaba hasta dos cobijas y no podía ni dormir. Ahí ya había unas chocitas que las había hecho Libardo Uribe, y así es como empieza todo. Eso fue en octubre de 1963.

Al principio fue difícil, pues imagínese, no había carretera y en Morales no había donde hacer un mercado, y toda esa gente trabajando. Entonces, tocaba traer mercado por cantidades y de otro lugar. Incluso, el Mico lo ahumaron en la propia casa de Sebastián Velandia porque ya le gente estaba por allá, y esa lejanía para venir hasta el caserío a buscar sal, no tenían sal. Entonces, cogían y arreglaban los animales, pero yo no comí Mico, yo no Esos eran unos micos negros grandes, grandotes, barbados, ¡uy no, yo no iba a comer eso! 

-ella ríe mientras menea la cabeza, y continua-

Bueno, eso lo arreglaban, le hacían unas camas y por debajo le metían leña y así lo ahumaban. Entonces por eso, eso allá quedó Micoahumado. Pero eso era allá, porque en la propia plaza, ya se le había puesto hasta un nombre, y que San Pedro. Pero todo el mundo y que Micoahumado, Micoahumado. Dijeron, vamos a poner una multa pal que diga Micoahumado y ninguno fue capaz de pagar la multa y quedó Micoahumado.

Yo sigo escuchando a Rosmira, y haciéndole una que otra pregunta. Fueron muchas las cosas que me dijo, pero me limite a escribir solo estas, que, de algún modo, representa como fue ese viaje colonizador que dio como resultado la construcción de una comunidad que lleva casi 60 años de lucha y trabajo por la defensa y permanencia en el territorio.

Aquí, desde muy temprano nos intentaron sacar, pero nosotros nos organizamos y dijimos que no. Estábamos dispuestos a pelear. Lo que pasó fue que la compañía se acabó, porque la madera la sacaban por trozos por la quebrada, y allá en la ciénega la recogían, hasta que una vez hubo una creciente fuertísima, y toda esa madera se perdió. Eso fue en diciembre del 1964. Entonces, la compañía fracasa, pero la gente ya estaba ubicada y nos quedamos trabajando por acá. Pero qué sucede, que aquí había quedado madera cortada, entonces la compañía construye la carretera para sacar la madera. La comunidad también ayudó pues nosotros quedábamos con la carretera. El operador de la maquina era Luis torrado.  Ya el 5 de Julio de 1965 entró el primer carro, Sansón le decían. 

Al tiempito resultó Inderena, otra empresa maderera, diciendo que nos iba a sacar a toditos, barridos con una escoba, y nada, no pudieron. Ellos alcanzaron hacer unos campamentos, pero no pudieron sacar a nadie. La gente no se dejó sacar de ahí ni nada, eso hubo hasta plomo y machete, de todo, y los hicimos ir, y nosotros nos quedamos y aquí nos quedaremos, porque si no nos sacaron cuando éramos poquitos y que no había prácticamente nada, no creo que nos saquen ahora que somos más y que tenemos muchas más razones pa pelear.